Biodanza propone que el cuerpo sabe. Que el movimiento, la música y el encuentro con otros pueden volver a despertar lo que la vida cotidiana adormece — y devolvernos a la alegría sencilla de estar vivos.
Biodanza es un sistema creado por Rolando Toro Araneda — antropólogo, psicólogo y poeta nacido en Chile. A través de la música, el movimiento y la vivencia grupal, propone integrar dimensiones que la cultura suele dejar separadas: el cuerpo, el afecto, el placer, la creatividad y la trascendencia.
Comenzó sus investigaciones en la década del '60, con la utopía de humanizar la medicina. Hoy, más de sesenta años después, Biodanza llega a miles de personas en todo el mundo — niños, adultos mayores, mujeres y hombres — y a cualquiera que sienta la necesidad de mejorar su vida y reconectar con la alegría de vivir.
El sistema organiza la práctica poniendo énfasis en la expresión de la identidad, haciendo foco en el potencial genético que cada persona trae. Para su abordaje terapéutico, la metodología lo aborda diferenciando 5 canales o líneas de expresión genética llamadas 'líneas de vivencia'. Cada uno tiene ejercicios específicos, una música asociada y un sentido pedagógico dentro del proceso evolutivo integrador.
Energía vital, alegría de vivir, salud orgánica. La capacidad de habitar el cuerpo y disfrutarlo.
El vínculo afectivo, la ternura, el cuidado. La posibilidad de dar y recibir cariño sin miedo.
El placer integrado a la vida cotidiana. La sensualidad como expresión natural del estar vivo.
La expresión original, la capacidad de inventar la propia vida. Renovar lo cotidiano con sentido.
La conexión con algo más grande que uno mismo. La identidad expandida al cosmos y a la naturaleza.
El éxito pedagógico y transformador de Biodanza se debe a sus efectos sobre el organismo como totalidad y a su poder de rehabilitación existencial, a través de la integración con eje Biocéntrico de siete «elementos-poderes».
Cada uno de ellos tiene, por sí mismo, un efecto transformador. Relacionados en un conjunto coherente, mediante un modelo teórico científico, constituyen un haz de ecofactores de extraordinarios efectos, capaces de influir incluso en las líneas de programación genética (epigenética).
Orfeo inauguró míticamente en Occidente el «poder musical». Mediante la música integradora, con la lira de Apolo, era capaz de influir en las leyes de la naturaleza y en los misteriosos patrones que organizan la vida. Bajo el influjo de su música, Orfeo podía hacer florecer los árboles en invierno y calmar a los animales salvajes.
Desde tiempos inmemoriales, el poder musical es conocido en Japón, China y otros países orientales. El empleo de la música por chamanes, monjes tibetanos y danzarines sufíes para invocar las fuerzas de curación y vínculo cósmico es investigado por la antropología.
Hoy la ciencia confirma su eficacia. Los estudios de Alfred Tomatis, Don Campbell, Yehudi Menuhin y Michel Imberty comprueban que la música no sólo se vincula con las áreas perceptivas de la sensibilidad y de la innovación, sino que posee poderes de transformación sobre plantas, animales y, en especial, sobre los seres humanos.
En Biodanza, la música es rigurosamente seleccionada para estimular los ecofactores relacionados con las cinco líneas de vivencia. Denominamos «música orgánica» a aquella que presenta atributos biológicos —fluidez, armonía, ritmo, tono, unidad de sentido y efectos cenestésicos—: es ésta la que tiene el poder de inducir vivencias integradoras. Su selección obedece a criterios semánticos, es decir, a sus significaciones temáticas, emocionales y vivenciales.
Biodanza posee un repertorio de alrededor de 250 danzas cuya finalidad es activar los movimientos humanos en forma armónica e integradora; no existen movimientos disociativos en Biodanza. Contamos con danzas de integración sensorio-motora, afectivo-motora y de sensibilidad cenestésica, y con danzas sencillas que estimulan las vivencias de las cinco líneas.
Durante la práctica, la música se transforma en movimiento corporal —es decir, «se encarna»— y quien baila entra en vivencia. De la combinación música-movimiento-vivencia se desencadenan cambios sutiles en los sistemas límbico-hipotalámico, neurovegetativo, inmunológico y en los neurotransmisores.
Todas estas danzas son ecofactores de gran poder de deflagración vivencial. Se potencian recíprocamente y su efecto es la homeostasis de las funciones orgánicas, la regulación del sistema integrador-adaptativo-límbico-hipotalámico y la elevación de la calidad de vida, en el sentido de la plenitud y el goce de vivir.
La metodología de Biodanza se orienta a la deflagración de vivencias integradoras, capaces de superar las disociaciones que induce nuestra cultura. Hoy un gran número de personas vive estados de disociación psicosomática: piensan una cosa, sienten de forma diferente y actúan de modo disociado respecto a lo que sienten.
La vivencia es la sensación intensa de estar vivo «aquí-ahora», con fuertes componentes cenestésicos y emocionales (euforia, erotismo, ternura, paz interior) que contribuyen a la expresión auténtica de la identidad. A diferencia de la emoción —respuesta a estímulos externos que desaparece cuando éstos cesan—, la vivencia abarca la existencia completa, posee efectos profundos y duraderos, y trasciende el ego.
El abordaje racional de nuestros conflictos no resuelve a fondo las perturbaciones disociativas: tener conciencia de ellos no modifica el comportamiento. Por este motivo no empleamos el análisis de conflictos, sino que estimulamos la parte sana de la identidad a través de vivencias intensas. Biodanza es, por definición, un sistema de integración de potenciales humanos. «Habitamos el aquí y ahora, en un tiempo cósmico».
«Biodanza es una poética del encuentro humano».
La conexión con las personas es esencial en todo acto de desenvolvimiento. No existe crecimiento solitario: las técnicas místicas o terapéuticas de carácter solipsista son una falacia. Es el contacto con otras personas lo que permite el crecimiento. La conexión verbal es insuficiente; es necesario el contacto, la danza en pareja o colectiva y el compromiso corporal dentro de un contexto sensible, sutil y en feed-back.
Existen múltiples investigaciones científicas sobre los efectos terapéuticos y pedagógicos de la caricia. Centenares de autores —Harlow, René Spitz, Rof Carballo, López Ibor, Bowlby— han descubierto que el contacto valoriza y da continente afectivo a las personas. No basta cualquier contacto: es necesario que el vínculo físico esté movido por una fuerza afectiva sincera.
La caricia no es sólo contacto, sino conexión. La afectividad es el núcleo central e incluye la conexión, la coparticipación, el «nosotros».
El trance es un estado alterado de conciencia que implica la disminución del ego y la regresión a lo primordial, a lo originario, en cierto modo a etapas perinatales. Se trata de un fenómeno de regresión a los estados iniciales de la existencia.
Sus efectos son de renovación biológica, porque durante este estado se reeditan las condiciones biológicas del comienzo del desarrollo humano —metabolismo más intenso, despertar de la percepción cenestésica— y las primeras necesidades de protección, nutrición y contacto.
Por esta razón, las ceremonias de trance en Biodanza permiten la reparentalización: el «nacer de nuevo» dentro de un contexto-especie, de amor y cuidado. Desde un lugar de responsabilidad personal, potencia los elementos de integración y renovación del organismo orientado a la salud. El «trance de suspensión» facilita el acceso a este estado en forma progresiva y en dulce abandono.
La expansión de conciencia es un estado de percepción ampliada que se caracteriza por restablecer el vínculo primordial con el universo. Su efecto subjetivo es un sentimiento intenso de unidad ontocosmológica y alegría trascendente. Biodanza lo induce mediante músicas, danzas y ceremonias de encuentro; acceder a la «experiencia suprema» requiere una preparación previa y un nivel superior de integración y madurez.
Diversas técnicas utilizan «drogas y plantas mágicas» para inducir estos estados. En Biodanza no utilizamos drogas: preferimos activar los mecanismos de los neurotransmisores que existen naturalmente en el organismo y que cumplen el mismo efecto de las sustancias enteógenas. Biodanza es drogarse naturalmente.
La experiencia enteógena es «el despertar de la vivencia de lo divino en nuestro ser humano», y tiene dos aspectos: el éxtasis (vínculo con el mundo externo y con las personas) y el íntasis (vínculo consigo mismo, la súbita ampliación de conciencia unida a la vivencia emotiva de «estar vivo» por primera y única vez).
El grupo en Biodanza es una matriz de renacimiento que se integra a nivel afectivo y constituye un campo de interacciones muy intenso.
Biodanza no es un sistema solipsista ni de comunicación verbal. Su poder está en la inducción recíproca de vivencias entre los participantes del grupo. Las situaciones de encuentro tienen el poder de cambiar profundamente actitudes y formas de relacionamiento humano. La forma de integración del grupo se diferencia radicalmente de la dinámica de grupo tradicional.
Siete poderes que, entrelazados, hacen de la vivencia una fuerza que transforma.Rolando Toro Araneda
Biodanza es un sistema de reconexión con el potencial que nos habita — el que trajimos cuando nacimos y también el que hemos ido aprendiendo y guardando como tesoro, a veces sin poder manifestarlo por represión del entorno, timidez, temor a ser.
Es una invitación al movimiento integrado, a sentir emociones que refuerzan la autoestima y devuelven una autoimagen cada vez más favorable, en camino a una identidad saludable. No hay una propuesta de coreografía, sino una invitación al disfrute de moverse con una música específica, seleccionada con criterios semánticos, y una consigna que siempre se dirige al encuentro con nuestra parte más luminosa.
Hay personas que llegan buscando activar porque se sienten detenidas o estancadas, y encuentran en Biodanza ese ímpetu necesario para despertar. Otras llegan buscando parar para poder descansar — y lo encuentran también.
Basada en el paradigma Biocéntrico, propone como brújula poner al centro de toda acción el cuidado de la vida. Cuando el proceso comienza a corporeizarse, a enraizarse, las personas notan nuevas actitudes frente a las situaciones que la vida les presenta — resolviendo con mayor fluidez, o poniendo un límite a aquello que hacía tiempo era necesario.
Entrar en el ritmo de la vida es entrar en ella: un ritmo orgánico y autorregulado. Así como la melodía trae la posibilidad de ampliar los movimientos creativos y de expresión de lo que se siente, la armonía se hace presente cuando la rigidez se diluye progresivamente — dejando entrar la novedad, rompiendo con las rutinas agobiantes, trayendo la posibilidad de crear la propia vida.
Traemos puesta nuestra historia biográfica. Está en nuestros músculos y tendones, en la postura corporal y en el brillo de los ojos, en la tonicidad de la piel y la risa fácil, en los pensamientos que generan campos de acción. Por lo tanto, tenemos la capacidad de direccionar nuestro andar por esos caminos que queremos caminar.
Pertenecer a un grupo de Biodanza nos da la posibilidad de estar sostenid@s a la hora de transformarnos. Cambiar no es fácil ni sencillo: necesitamos cobijo y aceptación, miradas habilitantes y que avalen mi nueva forma de ser. Nuestros sistemas de creencias y mandatos familiares le han dado forma a nuestra identidad; desandar y deconstruir patrones nos demanda mucho coraje.
Construirnos nuev@s poco a poco, devolviendo a nuestra vida la alegría de ser quien soy. Cualquier persona puede hacer Biodanza, sin experiencia previa. Sólo es necesario el deseo de estar mejor y optimizar la calidad del vivir.
Biodanza es un sistema de reconexión con el potencial que nos habita — el que trajimos cuando nacimos y también el que hemos ido aprendiendo y guardando como tesoro, a veces sin poder manifestarlo por represión del entorno, timidez, temor a ser.
No hay una propuesta de coreografía, sino una invitación al disfrute de moverse con una música específica, seleccionada con criterios semánticos, y una consigna que siempre se dirige al encuentro con nuestra parte más luminosa.
Hay personas que llegan buscando activar porque se sienten detenidas, y encuentran ese ímpetu necesario para despertar. Otras llegan buscando parar para poder descansar — y lo encuentran también.
Propone como brújula poner al centro de toda acción el cuidado de la vida. Cuando el proceso comienza a enraizarse, las personas notan nuevas actitudes — resolviendo con mayor fluidez, o poniendo un límite a aquello que hacía tiempo era necesario.
Traemos puesta nuestra historia biográfica. Está en nuestros músculos y tendones, en la postura corporal y en el brillo de los ojos, en la tonicidad de la piel y la risa fácil. Tenemos la capacidad de direccionar nuestro andar.
Pertenecer a un grupo de Biodanza nos da la posibilidad de estar sostenid@s a la hora de transformarnos. Cambiar no es fácil: necesitamos cobijo, aceptación, miradas habilitantes que avalen mi nueva forma de ser.
Construirnos nuev@s poco a poco, devolviendo a nuestra vida la alegría de ser quien soy. Cualquier persona puede hacer Biodanza, sin experiencia previa. Sólo es necesario el deseo de estar mejor.
Biodanza es un sistema de reconexión con el potencial que nos habita — el que trajimos cuando nacimos y también el que hemos ido aprendiendo y guardando como tesoro, a veces sin poder manifestarlo por represión del entorno, timidez, temor a ser.
Es una invitación al movimiento integrado, a sentir emociones que refuerzan la autoestima y devuelven una autoimagen cada vez más favorable, en camino a una identidad saludable.
Hay personas que llegan buscando activar porque se sienten detenidas o estancadas, y encuentran en Biodanza ese ímpetu necesario para despertar. Otras llegan buscando parar para poder descansar — y lo encuentran también.
Basada en el paradigma Biocéntrico, propone como brújula poner al centro de toda acción el cuidado de la vida.
Entrar en el ritmo de la vida es entrar en ella: un ritmo orgánico y autorregulado. La armonía se hace presente cuando la rigidez se diluye progresivamente, dejando entrar la novedad y rompiendo con las rutinas agobiantes.
Traemos puesta nuestra historia biográfica. Está en nuestros músculos y tendones, en la postura corporal y en el brillo de los ojos, en la tonicidad de la piel y la risa fácil. Tenemos la capacidad de direccionar nuestro andar.
Pertenecer a un grupo de Biodanza nos da la posibilidad de estar sostenid@s a la hora de transformarnos. Construirnos nuev@s poco a poco, devolviendo a nuestra vida la alegría de ser quien soy.
Cualquier persona puede hacer Biodanza, sin experiencia previa. Sólo es necesario el deseo de estar mejor y optimizar la calidad del vivir.
No hace falta tener experiencia previa, ni saber bailar, ni "ser flexible". Lo único que se pide es disposición a moverse y a estar con otros.
Llegamos a un espacio seguro, dejando que lo que traemos pesado pueda transformarse. Una ronda en círculo para (re)conocernos: un espacio de palabra opcional para compartir lo vivido.
Ejercicios suaves de activación, conexión con la respiración y con la música. Empezamos a movernos.
Cada clase tiene una curva: activación → afectividad → expresión → integración. Quien facilita propone los ejercicios.
Cada ejercicio invita a una experiencia interna y a un encuentro con las otras personas. El Ser se vuelve protagonista.
Volvemos a la calma. Nos vamos diferentes a como llegamos. Siempre hay másss!!!
Las transformaciones son inmediatas! Desde pequeños gestos hasta cambios existenciales. Lo que ocurre a través de la práctica sostenida modifica suavemente la forma de habitarse y de vincularse.
Mayor energía cotidiana, mejor sueño, una relación más viva con el propio cuerpo.
Capacidad de poner límites, dar y recibir afecto, sostener encuentros profundos.
Herramientas para volver al centro cuando la vida aprieta.
Mirada renovada sobre lo cotidiano. Ideas, proyectos, decisiones desde otro lugar.
Más claridad sobre quién soy, qué quiero, qué siento. Menos "deber ser", más Ser.
El grupo se vuelve comunidad. Una red afectiva que sostiene dentro y fuera de la sala.
Los grandes cambios acontecen de adentro hacia afuera.Rolando Toro decía: "Como cambiar al mundo sin cambiar nosotros mismos?"
La mejor manera de sentir qué es la Biodanza es vivir una clase. ¡Súmate a un grupo semanal!